Business First Consulting

La RAE define un consultor como una persona experta en una materia sobre la que asesora profesionalmente. En este post explico desde un punto de vista personal cómo me gusta hacer la consultoría tecnológica cuando se trata de eso, de asesorar gracias a mi conocimiento y experiencia.

Introducción

El consultor en el ámbito de la tecnología es un término hoy en día demasiado adulterado. Recuerdo en los inicios de mi carrera como la mayoría de nosotros éramos orgullosamente Programadores, Analista-Programador, etc.

También recuerdo que conocí a varios consultores. Ninguno bajaba de los 50 años y eran seres con traje que conocían muy bien el área y las necesidades de negocio además de cómo aplicar tecnología a los mismos.

Hoy en día un consultor tecnológico significa casi cualquier cosa.

Voy a escribir en este post una opinión muy personal de cómo a mí me gusta hacer consultoría. Es un pequeño resumen de puntos clave de lo que en mi opinión debería tener la consultoría con mayúsculas en este sector y lo que trato de aplicar en abstratio día a día.

La IP (Intelectual Property) vs el Malabarísmo

Uno de los grandes aceleradores de la excelencia, en mi opinión, es la repetición y por tanto especialización. No es lo mismo si nos enfrentamos a un tipo de proyecto por primera vez que si ya hemos hecho algo parecido infinidad de veces. La primera vez siempre cometeremos errores de los que aprenderemos, pero que repercutirán en el cliente.

Parece obvio, ¿verdad? J

Por eso, cuando la consultora en cuestión tiene amplia experiencia en un área concreta suele tener servicios de tipo IP que han desarrollado basados en la misma y con el objetivo de rentabilizar ese conocimiento y experiencia.

Yo recuerdo cuando era empleado de Microsoft, todos los compañeros de mi grupo a nivel mundial teníamos objetivos de desarrollo de IP que luego se entregaba, pulía y mejoraba con el tiempo a través de la entrega sucesiva en clientes.

Como se puede ver, estos servicios son de consultoría porque aportan asesoramiento, gran valor y retorno de la inversión a cualquier departamento IT. Es consultoría basada en IP que hemos creado como servicio gracias a nuestra experiencia y conocimientos.

¿Sabe tu cliente lo que quiere?

Otro punto diferencial para mí de la consultoría/asesoramiento respecto a la implementación de proyectos, es que vamos siempre a trabajar con el concepto de que el cliente no sabe lo que quiere.

Cuando lo tiene claro, es mejor que contrate a una factoría de software. Es más económica y ya va a ir directa al grano tras sus especificaciones.

Cuando un cliente contrata una empresa de consultoría y asesoramiento tecnológico es porque tiene un problema que cree que la tecnología puede paliar a pesar de no saber exactamente cómo.

Por lo general, el cliente tiene una foto mental de cómo la tecnología le resolverá el problema, pero me temo que, la mayoría de las veces, es una foto sesgada o, muchas veces, demasiado optimista. Me hace mucha gracia ver como el cliente espera que los productos generalistas resuelvan problemas concretos de su negocio y si no dirán aquello de “¿de verdad que no hace esto? ¿Y cómo no ha caído en esto el fabricante? ¡¡Si es básico!!”.

Nuestra labor como consultores de tecnología es lidiar con este asunto y no cerrarnos en “el cliente me ha dicho esto”. Y menos, tomar la actitud de implementar algo aun a sabiendas de que va a ser un fracaso simplemente porque el cliente lo ha dicho. Eso SIEMPRE acaba mal.

Saber decir que NO es fundamental en nuestra labor diaria. Y saber entender la necesidad del negocio que hay detrás de las palabras transmitidas por el cliente es la clave del éxito. ¿Por qué quieres hacer esto? ¿Qué se quiere conseguir? ¿Qué implica en la empresa? ¿Cómo afecta a las personas? ¿Cuál es el resultado final esperado? Y, así, un largo etcétera.

Tiempo & Materiales

Siempre me ha hecho gracia este nombre utilizado en proyectos software y de consultoría, pero claramente heredado del mundo de la construcción.

Cuando hacemos un proyecto de software, y resumiendo mucho, lo podemos ejecutar en 2 modelos principalmente:

  1. Coste Fijo: Yo te construyo el cohete por mil euros.
  2. Tiempo & Materiales: Tú me pagas diez euros la hora para que te construya o te ayude a construir el cohete.

Ambos modelos son perfectamente válidos. Los problemas vienen cuando intentamos meter con calzador uno de los modelos que no encajan con la naturaleza del proyecto.

El típico es aquel en el que el cliente no sabe lo que quiere o hay demasiada indefinición, pero por gestión financiera se quiere meter por la vía del Precio Fijo o llave en mano. Eso es un fracaso asegurado. Y lo peor es que siempre hay una empresa proveedora que va a ofertar y a intentarlo. No hay límite. Si la RFP (Request for Proposal) es sobre conseguir la luna, alguien dirá que es capaz.

Es fundamental siempre buscar la comodidad entre la relación cliente-proveedor o al final acabaremos en problemas, fracasos y pérdidas de dinero. De eso sabemos mucho en este sector.

Como cliente, no me sirve de nada firmar un contrato barato con un proveedor que me promete la luna y todo es un no parar del buen rollo al principio, pero que luego es irrealizable y vienen los divorcios y litigios.

Por eso soy tan fan de la IP. También por este punto. Es una forma de hacer consultoría con mayúsculas lidiando con lo ambiguo y ayudando al cliente a entender lo que quiere, pero, sin embargo, con un coste más controlado (que no barato) y conocido con antelación. Tanto el alcance como el coste están perfectamente definidos en una buena IP.

El delivery didáctico

Hablando de consultoría y asesoramiento con mayúsculas, a mi no me cabe en la mente un delivery de este tipo sin que haya cierta transferencia de conocimiento.

Yo quiero que el cliente entienda mejor la tecnología y la problemática que tenemos entre manos porque aporta las siguientes ventajas:

  • Vamos a tener cada vez un lenguaje más común que nos haga entendernos mejor el uno al otro
  • Va a facilitar que su visión inicial de la solución del problema vaya aterrizando en la realidad tecnológica
  • El cliente maximiza su inversión en el servicio formándose a la vez
  • El cliente percibe que el consultor tiene muchos conocimientos y eso refuerza la relación de confianza entre ambos

Y es que, para mí, todo consultor debe dar o haber dado formación de una u otra forma en su carrera. El consultor debe ser capaz de comunicar su conocimiento técnico para fomentar el entendimiento y llegar a resultados.

SCRUM: Eso que todos dicen utilizar

El caso de SCRUM y las metodologías de software es muy interesante. A pesar de que numerosos estudios apuntan a que la mayor parte de los fracasos en proyectos software vienen de un problema en la gestión, en mi opinión aún no se presta la atención necesaria a este punto.

Y, lo que es más, en nuestro querido país hay una carga extra cultural que nos lastra el avance en este sentido. La metodología se sigue viendo como una cosa secundaria en los proyectos y, además, muchas veces no se implementan bien por diferentes motivos: pereza, falta de constancia, “al cliente no le gusta”, “el daily es una pérdida de tiempo para los programadores”, etc.

Yo lo suelo llamar “Latin SCRUM” y es una metodología Ad-hoc muy interesante que mezcla el modelo en cascada partido en una cosa que se llaman sprints. ¡Venga ya! J

SCRUM es una disciplina enormemente fácil de explicar, pero mucho más compleja de implementar. Un buen curso de SCRUM es aquel que es 90% o más práctica porque la teoría no tiene ningún misterio.

SCRUM a medias no suele funcionar, y contar con el rol de SCRUM master en cualquier proyecto serio es obligatorio. La disciplina explica claramente que es OBLIGATORIO y no a gusto del consumidor.

Dejemos de dividir las tareas en bloques que llamamos Sprints y empecemos a utilizar SCRUM de verdad.

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